martes, 28 de junio de 2016

Seis tapas de libros policiales rusos

En un negocio de artículos usados indeterminados en Coney Island, NY, encontré estos libros rusos de tapas magníficas en su abigarramiento y estética kitsch. Canguros, caballos, conchas marinas, champagne y hermosas mujeres se combinan en excitante inconsistencia. Estaban escritos en caracteres cirílicos y no sé lo que dicen, aunque la temática parece ser entre policial, erótica y de todo x 2 pesos. Jamás sabré el nombre del ilustrador, nadie logrará explicarme de qué se tratan y seguramente a nadie le importará. Brindo por este momento de desconcierto y asombro, sensaciones cada vez más infrecuentes en el mundo moderno.











jueves, 28 de abril de 2016

PALABRAS INOLVIDABLES: Hoy: Popeye



¡Todo lo que sé lo aprendí leyendo historietas!

"-Sabe, Sr. Homes, los dos hicimos trampa, pero el general Bunzo hizo más trampa que nosotros, y eso no es justo!
-¡Claro que no! ¡Los dos deberían haber hecho la misma trampa!
-Yo quería probar que Bunzo hizo más trampa que nosotros, así podría ser detenido"


El relativismo moral según Popeye: Esta idea podría repugnar a los moralmente intachables, o podría suscitar una repugnancia fingida a quienes fingen intachabilidad moral, según el caso (nótese que es un poco difícil distinguir entre ambos casos), o podría despertar cierta simpatía entre aquellos amantes de los grises, quienes creemos que no existen los santos ni los demonios, y que nuestras preferencias por una posición u otra no parten de absolutos, sino de comparaciones más o menos favorables. El duelo eterno entre pragmatismo e idealismo, entre utopismo y realidad, entre Guerra Santa y fraternidad con los hombres, con sus aciertos, errores, virtudes y defectos: la mirada del afable cantinero que escucha las más horrendas historias y en lugar de lanzar severos juicios morales comprende, acompaña y cura. Y sirve otro vaso de ginebra.

(Popeye, "O Rei de Nazilia", 1989)

viernes, 15 de abril de 2016

"El Soldadito de Plomo", de Ayax Barnes

Hay quien dice que la Patria es la infancia. Yo creo que no, que nada que ver, que la infancia es Ayax Barnes. Y Napoleón, y Polidoro, y la edición 44 kilates de la revista Antejito, y el órgano de la publicidad de Los Dos Chjinos, y el muñequito de brontosaurio verde de los chocolatines Jack, y la ventana con rejilla ondulada que daba al fondo de un departamento en la calle Billinghurst yAH NO, PARÁ, ESA ES MI INFANCIA, NO "LA" INFANCIA BUENO QUÉ SE YO

Volvamos a lo importante. Estos son los dibujos que el gran Ayax Barnes (1926-1993) hizo para "El Intrépido Soldadito de Plomo", de los cuentos de Polidoro, con narración de Beatriz Ferro La edición incluía también "La Princesa y el Garbanzo":



































("El Intrépido Soldadito de Plomo, Centro Editor de América Latina, 1968)

martes, 12 de abril de 2016

"Ocalito y Tumbita", de José Vidal Dávila

Algunas entregas del clásico de José Vidal Dávila, de la época en que los personajes de historietas para niños eran vagos y mal entretenidos, se entregaban a la bebida y el juego y robaban comida:



























("Billiken", Ed. Atlántida, década del '40)

martes, 29 de marzo de 2016

lunes, 28 de marzo de 2016

INTERNAS: Goscinny vs. Uderzo

El año pasado visité la exposición dedicada a Asterix en el Centro Cultural Recoleta. Más allá de ser un ayuda-memoria gigante (mucha reproducción, mucho cartel explicativo, mucho muñeco de resina y gigantografía), la muestra no tenía gran interés, a excepción de algunos facsimiles o facsímiles o fácsimiles (elija el que corresponda) de guiones auténticos del gran René (o Renée o Renéee o Renéeeeee, elija el que corresponda) Goscinny.

De ellos, me llamó poderosamente la atención el siguiente, corresponiente al álbum "Asterix en Bretaña":



En la segunda descripción puede leerse: "...dos bretones observan la flota romana acercarse a lo lejos (a lo lejos, dije, no hay motivos para enervarse)"

Podemos adivinar en esta "humorada" de Goscinny las quejas y discusiones anteriores por parte de Albert Uderzo sobre la sugerencia de dibujar cosas difíciles y engorrosas como una flota romana, o una batalla con cientos de romanos y galos, o una vista aérea de Lutecia. Pero por sobre todo podemos adivinar (Goscinny lo deja traslucir nerviosamente, intentando amansar a su co-equiper) los arranques de ira y violencia del dibujante, el temor en los ojos de Goscinny cada vez que le entregaba un guion, la relación perversa y enferma víctima-victimario cultivada entre los dos. Es la relación entre el frágil, etéreo, sutil mundo de las ideas y las palabras manejado por el guionista y el elemento zafio, tosco, casi animal en el que se mueven los trabajadores portuarios del dibujo, hecho de golpes de grafito y heridas de tinta sobre el papel. Dos mundos irreconciliables y opuestos, casi enemigos a muerte, pero que se necesitan mutuamente, y en el que el guionista es una suerte de ninfa o musa prisionera abusada a diario por el ilustrador, que cuando no lo amenaza con asesinar a su familia si le pide algo muy complicado (como entendemos ocurre en este caso) traduce las cristalinas ideas de aquel en figuras bastas, brutales, concretas, reduciendo su infinito de potencialidades a un único garabato grabado en piedra, asesinando de algún modo "el" Dibujo Ideal que el guionista acariciaba entre los tules de su mente.

En fin, todas esas cosas se deducen indefectiblemente de este facsímil.